Me llamo Rodrigo. Hace muchos años que me hago la misma pregunta: ¿cómo puedo vivir un poco mejor?
Hace cinco años encontré una pista en algo muy simple: frenar, mirar hacia adelante y escribir lo que sueño. Empecé imprimiendo calendarios en varias hojas y pegándolas con cinta en la pared. Después armé el mío en Excel, con mis fechas importantes, y cada año lo imprimía para colgarlo en la oficina.
Me encanta la tecnología, pero el papel tiene algo que una pantalla no te da: tachar un día, escribir un objetivo con tu letra, ver todo el año junto. Sin darme cuenta, ese gesto me volvió más ordenado y, sobre todo, más tranquilo.
Después viajé a Japón. Fue en un local pequeño, donde todo era analógico. Se vendían anteojos hechos a mano, pero apenas entré supe que no había ido a comprar anteojos. Había silencio. El perfume de la madera me transportó. Afuera, una ciudad que se movía a una velocidad admirable; adentro, nadie corría. Todo estaba hecho con tiempo.
Ahí entendí algo que venía haciendo sin nombrarlo. Lo que me había cambiado en esos años no era el calendario: era darme tiempo. Y lo que me conmovía en ese local no eran los anteojos: era el tiempo que alguien les había dado.
Volví con una palabra: giri (義理). En japonés es el deber de cumplir lo que uno promete. Quería hacer cosas así: no los mismos objetos, sino la misma dedicación.
Mientras tanto, mis amigos veían el calendario en la oficina y me decían: “Haceme uno”. Empecé a preguntar y descubrí que casi nadie se toma un rato para pensar su propio año. Lo que había hecho para mí podía servirle a mucha gente. Así nació la primera edición de GIRI: un calendario de pared de 120 × 60 cm, que podés armar con tus fechas y planificar conmigo en una charla. Cada semana arma un mes, y cada mes arma un año. Planificar el año también es planificar las pausas.
No es casualidad que empiece por acá. Antes de hacer objetos, aprendí a cuidar el tiempo.
GIRI es un proyecto de diseño independiente. Reúne tres oficios que tengo bajo el mismo techo: el acero inoxidable, que conozco de años de trabajo en la industria; la carpintería, de mi taller; y la impresión 3D, en casa. Con eso puedo diseñar, probar y fabricar sin depender de nadie, y equivocarme a mi ritmo.
En las próximas ediciones voy a buscar lo mismo: productos de máxima calidad, únicos y 100 % fabricados en Argentina. Y quiero que cada uno tenga además un impacto social y económico, impulsado por pymes.
Y hay una razón más. En febrero nace mi hijo, Benicio. GIRI es también lo que quiero dejarle: la prueba de que se puede hacer algo con tiempo, con las manos y con palabra.
Si llegaste hasta acá, tal vez este sea tu momento para frenar un rato, mirar tu año y decidir cómo querés vivirlo.
— Rodrigo